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El álgebra

Hubo una Bagdad de ensueño, la del califato de las mil y una noches, que albergó en su seno la Casa de la Sabiduría. En aquel hogar del conocimiento habitó Mohammed ibn-Musa al-Jwarizmi (780-850 d.C.). Y flanqueado por la geometría del mosaico, cuando la paz permite la erudición y la ciencia, engendró una de las principales disciplinas de la matemática: el álgebra.

La palabra árabe jabr significa restaurar, en el sentido médico de colocar de nuevo en su lugar un miembro dislocado. De hecho, en la literatura medieval era usual el empleo del término algebrista para referirse al galeno que arreglaba los huesos fuera de sitio. El concepto de restauración, o reposición, está tan arraigado en el tratado del álgebra de al-Jwarizmi que la mitad de la obra se dedica a la resolución de litigios de testamentos y divorcios. Y es así como el álgebra de al-Jwarizmi nos recuerda que las matemáticas, desde sus orígenes, siempre estuvieron cerca del ciudadano: permiten la resolución de problemas cotidianos.

El libro del álgebra de al-Jwarizmi se antoja imprescindible para todo científico interesado en la historia de la ciencia y para todo filólogo árabe. Curiosa confluencia, propia de la tercera cultura. Y, además, los docentes podrán extraer material con el que completar sus clases, y recordar a su alumnado los mundanos orígenes de las matemáticas: cómo la geometría se originó con la medida de tierras en las crecidas del Nilo, y el álgebra con el reparto de dotes y herencias, intentando restaurar así los daños causados por los divorcios o la muerte. Hubo una Bagdad de ensueño, la del califato de las mil y una noches, que albergó en su seno la Casa de la Sabiduría. En aquel hogar del conocimiento habitó Mohammed ibn-Musa al-Jwarizmi (780-850 d.C.). Y flanqueado por la geometría del mosaico, cuando la paz permite la erudición y la ciencia, engendró una de las principales disciplinas de la matemática: el álgebra.

La palabra árabe jabr significa restaurar, en el sentido médico de colocar de nuevo en su lugar un miembro dislocado. De hecho, en la literatura medieval era usual el empleo del término algebrista para referirse al galeno que arreglaba los huesos fuera de sitio. El concepto de restauración, o reposición, está tan arraigado en el tratado del álgebra de al-Jwarizmi que la mitad de la obra se dedica a la resolución de litigios de testamentos y divorcios. Y es así como el álgebra de al-Jwarizmi nos recuerda que las matemáticas, desde sus orígenes, siempre estuvieron cerca del ciudadano: permiten la resolución de problemas cotidianos.

El libro del álgebra de al-Jwarizmi se antoja imprescindible para todo científico interesado en la historia de la ciencia y para todo filólogo árabe. Curiosa confluencia, propia de la tercera cultura. Y, además, los docentes podrán extraer material con el que completar sus clases, y recordar a su alumnado los mundanos orígenes de las matemáticas: cómo la geometría se originó con la medida de tierras en las crecidas del Nilo, y el álgebra con el reparto de dotes y herencias, intentando restaurar así los daños causados por los divorcios o la muerte.

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